Experimento de actos de bondad

Experimento de actos de bondad

//Por Paula Vargas Segnini//

Este año me di cuenta de que el 13 de noviembre se conmemora el día mundial de la bondad; tal descubrimiento me llevó a buscar un poco más sobre el origen de esta celebración y esto fue lo que encontré en un sitio de noticias: “El organismo nipón World Kindness Movement (WKM) sin ninguna afiliación religiosa, política o comercial, reunió a países como Singapur, Australia, Canadá y Estados Unidos para promover un movimiento apacible y sereno dentro del territorio. Con el médico Wataru Mori a la cabeza; quien visionaba un mundo mejor si la población se unía como una masa de bondad, se crea este día a propósito de que se celebraba la primera conferencia del movimiento mundial de amabilidad en Tokio en el año 1997…”

Entonces empecé un pequeño experimento de cinco días en los que estaría atenta a notar actos de bondad para ver si esa masa de bondad también pudiera crecer en mi entorno cercano, y esto fue lo que encontré: Hace mucho tiempo observo cada mañana durante mi caminata al trabajo; a un adulto mayor que vive cerca de la Universidad, que incluso tiene una limitación auditiva, entregar desayuno a jóvenes que han caído en las drogas y se encuentran viviendo en las calles. Esa escena que con frecuencia miro, me llena de admiración y respeto hacia el señor, supongo que es su IKIGAI: el propósito para levantarse cada mañana. Esos días observé más allá, y ahora sé que se llama Don Ramón y que además él mismo cada mañana va al Supermercado a comprar los alimentos que comparte con quienes tocan a su puerta y son atendidos con tanta bondad.

También observé a un muchacho que no tenía “muy buena apariencia” porque lucía algunos tatuajes y piercings acompañar de la mano; supongo que a su hermanito; y al llegar a puerta de la Escuela se despidió con un beso, un te amo y un Dios te bendiga. Así podría seguir nombrando todos los actos de bondad que observé.

Unos días antes de iniciar el experimento, uno de los estudiantes de intercambio con los que tengo el honor de colaborar durante su estancia en la Universidad Nacional, llegó a nuestra oficina a regalarnos masa madre, harina de centeno y semillas; para que pudiéramos preparar pan con una receta que él mismo nos explicó. Muy entusiasmada con la idea y agradecida con su acto de generosidad, inicié la aventura de preparar el pan; al mismo tiempo que me encontraba observando los actos de bondad. Cada noche (5 noches seguidas) que alimenté la masa, y la veía crecer, pensé que esa masa de bondad que el Dr Mori soñó hace más de 20 años; es posible que crezca a nivel mundial si le ponemos el mismo cuidado y atención que se le pone a la masa madre; siendo más generosos con nuestras personas, con quienes nos rodean y con la casa común que habitamos.

Para finalizar la historia, les cuento que a pesar de que cuide mucho la masa madre, el pan no resultó nada bueno, pero yo me traté con bondad y pensé: esta vez no salió bien, con el puñito de masa madre que aún tengo; la próxima saldrá mejor y así yo también podré compartirlo.

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